sábado, 1 de febrero de 2020

Parar la caída. Frenar la inercia


La histéresis es por definición la tendencia de un material a conservar una de sus propiedades, en ausencia del estímulo que la ha generado. Aplicado a la economía se lo asocia a la dinámica que provoca el fenómeno inflacionario, en el que las políticas tendientes a revertirla resultan estériles y el avance de los precios frente a los salarios se torna inevitable.

La aplicación del modelo económico recesivo entre 2015-2019 no cumplió con el objetivo de bajar la inflación, preconizado desde el gobierno como simple juego de niños. Quizá una de las pocas cosas en las que el discurso oficial no se disociaba de la ideología era en la evaluación monetarista del fenómeno inflacionario. El gobierno de Mauricio Macri estaba convencido de que esquilmando el poder adquisitivo con la dolarización de los bienes y servicios regulados primero y devaluaciones que se trasladaran a precios después, la inflación bajaría asintóticamente para el final de su mandato.

La evidencia muestra que eso no solo no ocurrió, sino que el problema se agravó. La inflación del último año de Mari fue del 53,8% la más alta en 28 años y el acumulado para todo su mandato fue del 300%. Muy por encima del acumulado en la última administración de CFK 2011-2015 cuando la inflación fue 170% (IPC Congreso).

Como un perro que se muerde la cola; en el análisis neoliberal estuvo ausente (siendo generoso) la incompatibilidad de una economía que consume el 75% de lo que produce, cuya producción se basa mayoritariamente en bienes alimenticios y bienes alimenticios que, a su vez, son producidos y comercializados por un puñado de firmas.

El mal sofisma nos invita a hacer historia contrafáctica e indagar en cómo pudo haber funcionado el modelo recesivo, cuánto tiempo necesitaba para dar sus brotes verdes o cuál fue la variable exógena que nos jugó una mala pasada. Lo cierto es que sería entrar en un sendero inconducente alejado de la crisis auto infringida que atraviesa el país.

Con la economía interna indexada, resultaba indispensable revitalizar los controles económicos abandonados por la liberalización esquizoide, ya que es la única forma en la cuál se puede frenar el proceso de histéresis desatado por la gerencia Macrista. El primer paso lo dio el mismísimo Macri, que se ufanaba de quitar el Cepo K de US$ 2000 por mes de 2015, imponiendo uno mucho mayor de US$ 200 por mes para poder llegar al 10 de diciembre (lo que marca de alguna manera cual era el estado de situación al momento de la decisión). En la misma línea, el gobierno de Fernández estableció un 30% adicional a la adquisición de divisas improductivas para que la sangría, especialmente fuerte por la demanda de turistas, no terminara de vaciar las reservas.

Se congelaron tarifas y reestablecieron los derechos de exportación como porcentaje, eliminando los $4 por dólar licuados por la devaluación, para desacoplar los precios internos de los internacionales. Y que los bienes que se transan en el mercado interno no tengan como referencia precios extranjeros.
La caída se detuvo parcialmente con la reactivación del consumo interno. Los 2 bonos de $5000 a jubilados, $2000 a beneficiarios de AUH, aumentos de suma fija por $4000 a trabajadores del sector privado[1], la estabilidad macroeconómica y la confianza habitual cuando hay un cambio de gobierno, son el puntapié inicial para revertir el ciclo. En este respecto se puede apreciar el aumento del turismo interno, en la primera quincena de enero 2020 ingresaron 642.128 turistas a Mar del Plata según el Ente Municipal de Turismo[2], un 6,8% más que el año pasado para el mismo período, cuando la cantidad de turistas fue de 620.000.

Lo cierto es que, para frenar la histéresis, resulta indispensable la intervención. La recuperación de una canasta de consumo representativa con el 40% de primeras marcas en Precios cuidados[3], es vital para oficiar de referencia y contrarrestar la actual dispersión de precios. Será necesario apresurar segmentaciones para pequeños productores y un esquema de compensaciones que fomente la inversión. Quizá sea una medida muy acertada avanzar en el campo del comercio de alimentos y granos con la estatización de Vicentín; tener injerencia directa sobre el control del principal activo del país, sería un paso revolucionario en el desarrollo nacional. Pese a no ser una campaña sencilla, si existe la voluntad política cierta de poner fin al flagelo inflacionario, tener participación sobre lo que se produce y se comercializa, debería encabezar la lista de prioridades del nuevo gobierno.

La histéresis se resuelve mediante tensiones decrecientes, lo que se podría traducir económicamente como shocks que reviertan la tendencia inicial. O cambiando las propiedades del material, haciéndolo más blando para acortar el fenómeno, esto es, resolver una concentración que se ha vuelto más acuciante con la pérdida de 20.000 Pymes durante el Macrismo. El tiempo que lleva el proceso de desaceleración inflacionaria es algo que escapa a las políticas públicas y que depende pura y exclusivamente de la estructura económica. Será cuestión de modificar de una vez por todas la variable estructural para que el ciclo no se reproduzca en ausencia del estímulo inicial. Las tensiones no las resuelve el mercado, mejor dicho, no las resuelve en favor de la mayoría, sólo el Estado es el que tiene dicha capacidad.

viernes, 31 de enero de 2020

La utilización de las Políticas de Inclusión como Políticas de Contención Social durante el Macrismo



Si en algo se caracterizó el ‘nuevo’ neoliberalismo que gobernó Argentina entre 2015-2019 es en sus similitudes económicas con el viejo neoliberalismo; el que tomo el poder en 1976 y el que ganó democráticamente luego de un golpe de mercado en 1989.

El uso difundido de prácticas de la vieja política fue norma durante la gestión de Mauricio Macri: control del aparato judicial con persecución a opositores, dominio de los medios de comunicación encargados de campañas de prensa y Noticias Falsas, y cooptación de representaciones gremiales con represión obrera en caso de protesta.

Una vez abandonados los controles económicos oficiales, se dio paso a la desregulación para que los grupos empresarios amigos hicieran sus negocios como es usual bajo este régimen; Con Estado asegurando las divisas para que estas empresas pudieran dolarizar su excedente, con el Estado aumentando las tarifas de servicios públicos regulados pero concesionados, con el Estado reprimiendo salarios y manifestaciones, y a costa del Estado mediante licitaciones millonarias para el cartel de la obra pública.

La novedad del reciente experimento neoliberal radicó en la tergiversación de los derechos conquistados por la mayoría durante la posconvertibilidad: se cambió la lógica de las Políticas de Inclusión por Políticas de Contención. De esta manera se hizo un uso discrecional y clientelista de las herramientas estatales para incorporar a la ciudadanía en el sistema, con el eje en la pauperización de las políticas públicas.

Por un lado, se abandonaron programas como “Conectar Igualdad”, “Qunita” y “Argentina Sonríe”; mientras que otros fueron reemplazados, en el mejor de los casos, por versiones low cost: Plan Remediar por la “Cobertura Universal de Salud” (CUS), Argentina Trabaja y Ellas Hacen por el “Hacemos Futuro” (sin perspectiva de género) y el Plan de Inclusión Jubilatoria por las “PUAM”, que representaban un 80% del haber mínimo. Se fue liberando paulatinamente, el espacio que ocupaba el Estado para que se hiciera cargo el mercado, gestionando las necesidades sociales desde una lógica economicista.

Por otro lado, las herramientas de inclusión que no fueron eliminadas derivaron en meros instrumentos de contención:

·         La AUH se convirtió en la principal variable para evitar un estallido de los sectores populares, sin embargo, el rezago frente al proceso inflacionario, sumado a la falta de oportunidades laborales hizo menos probable el ascenso social[1][2]. Más grave aún, la principal política que alguna vez pretendió llevar algo de alivio a sus beneficiarios y beneficiarias, gradualmente fue perdiendo la capacidad de cubrir necesidades nutricionales básicas. Y al final del gobierno de Macri apenas el 10% de los pibes cubría plenamente la Canasta Básica Alimentaria:



Porcentaje de cobertura de la Canasta Básica Alimentaria con AUH proyectado a diciembre 2019

Fuente: CEPA en base a INDEC y ANSES

·         El programa de becas PROGRESAR, que servía para incorporar a la educación formal al grupo etario de 18 a 24 años, subvirtió su esencia inclusiva al establecer un corte preselectivo con carreras prioritarias y premio al mérito académico[3]. Sólo se convirtió en un estipendio pecuniario desactualizado respecto de la inflación, aislado de la línea de AUH y del que muchos quedaron fuera por sus nuevos requisitos.

Cantidad de jóvenes en el Plan Progresar. Período 2014 – 2019 (casos liquidados en promedio)


Poder adquisitivo de la transferencia de la Beca Progresar entre 2015 y 2019 por niveles.
Base Promedio 2015 = $100

Fuente: CEPA en base a ANSES, IPC CABA, IPC INDEC y REM BCRA

·         El programa Precios Cuidados, un acuerdo de precios de referencia con productos de primeras marcas, fue reemplazado por una canasta para pobres con segundas y terceras marcas[4]. Si bien el objetivo original del programa era desactivar la inercia inflacionaria, en última instancia servía para incluir en el consumo a los sectores más vulnerables, ya que, es ahí, donde la inflación tiene mayor impacto, por destinar gran parte de sus ingresos en alimentos.
Cantidad de primeras marcas por acuerdo


Ni siquiera fue una derecha que tendiera a la tan mentada eficiencia. La aporofobia se combinó con el odio por la equidad social y lejos de resolver el problema de la pobreza, lo profundizaron. El otorgamiento de créditos a tasa usuraria por medio de la ANSES, pareció intentar sumir a los sectores excluidos en una trampa de pobreza vitalicia, perversa y garantizada por el mismo Estado que otrora, los supo incluir socialmente, pero que ahora los incluía en la miseria.

En esta dirección se orientaron las primeras medidas del gobierno de Alberto Fernández. Se establecieron 2 aumentos de suma fija para las jubilaciones mínimas de $5000, equivalentes al 35% del haber y un pago de $2000 para beneficiarios de AUH.  Y además se redujeron las tasas de interés para los que habían tomado créditos[5]: del 42 al 31,5% para jubilados y del 48 al 36% para AUH, buscando reducir el impacto del desdoroso endeudamiento. A su vez, se retrotrajeron los precios de los medicamentos un 8%, se congelaron las cuotas de los créditos UVA y se congelaron las tarifas de servicios públicos por 6 meses, lo que beneficia a la población en su conjunto.

Con todo, se vuelve a poner el acento en los más postergados garantizando un piso de igualdad para que el crecimiento económico futuro no implique una polarización mayor en los ingresos entre los que más y menos tienen. Es un punto de arranque y la voluntad manifiesta de recuperar la esencia de las políticas inclusivas que fueron desvirtuadas durante los últimos 4 años.


miércoles, 1 de enero de 2020

Cristina en la realidad efectiva del trasvasamiento del poder



Muchas veces enunciado pero pocas veces materializado, el trasvasamiento generacional del que hablaba el general, permanece como quimera incólume en la política argentina. Mucho más el trasvasamiento de poder, eso sucedió una sola vez en toda la historia y por un hecho fortuito y singular: entre Cámpora y Perón volviendo del exilio.

El macrismo logró probar el fracaso (para el pueblo) del modelo neoliberal. Aunque aplicado en el 76 y en los 90, dichos procesos neoliberales tuvieron una característica particular en su implementación. Fueron puestos en marcha gracias a discontinuidades anómicas del sistema democrático, mediante doctrinas de shock que aglutinaron el consenso social y facilitaron su aplicación. En el caso de la dictadura: el rodrigazo del 75. Y en el caso del menemismo: la hiperinflación del 89/90. En 2015, la elección de un gobierno diametralmente opuesto al de Néstor y Cristina Kirchner en una continuidad democrática pacífica permitió escrutar de manera clara y sencilla, los distintos modelos de país estableciendo parangones irrefutables entre sí.

El gobierno plenipotenciario de Mauricio Macri emerge sobre la base de una horadación mediática sistemática durante las 3 gestiones anteriores, con un recrudecimiento exponencial que se manifestó en los últimos años de CFK. Ningún gobierno democrático tuvo tanto poder para ejercer las reformas que ejerció y lo perdió en tan corto plazo. La combinación entre la impunidad del dinero de la clase que tomó el gobierno y los grupos hegemónicos de poder estructural, que se encargaron incondicionalmente de otorgar legitimidad de ejercicio, fueron decisivos para el fracaso electoral de 2019.

La lectura política de Cristina Fernández sobre el estado de situación se vuelve más épica con el paso del tiempo. Supo interpretar como ningún otro dirigente el sentir popular, pero con los votos necesarios para trasvasar su Poder.

Lejos de perder protagonismo con esta acción, logró la aprobación de sectores enceguecidos de odio que no soportaban la soberbia en sus formas y criticaban su falta de humildad. Sin entender quizá, que, en medio de una guerra mediática y judicial, el poder sólo se conserva en la trinchera. Y encima haciendo duelo por los que se fueron.

Hoy con Alberto Fernández como presidente, resulta fácil mensurar el éxito del trasvasamiento de Poder del 16 de mayo de 2019, sin embargo, la historia estaría incompleta sin mencionar el fracaso del trasvasamiento de 2015. La insuficiencia de la fórmula Scioli - Zannini no logró imponerse en la segunda vuelta electoral y abrió paso a la gestión Macri - Michetti. Y si bien no hubo poder delegado, tampoco alcanzó la fórmula Cristina - Taiana para imponerse a la de Esteban Bullrich y Gladys Gonzáles, ambos electos como senadores.

La victoria electoral del 2019 no emerge como un cisne negro en la arena política argentina. Es el corolario de una construcción política permanente que no estuvo exenta de fracasos y derrotas. Es en consecuencia, la perfección sobre la marcha, la purificación evolutiva del quehacer político y el aprendizaje que da la lectura de los tiempos y el accionar pragmático.

viernes, 20 de diciembre de 2019

La doctrina del shock desarrollista

Desdoblamiento, pesificación y reconfiguración de los precios relativos.

“Sólo una crisis real o percibida produce auténticos cambios. Cuando esas crisis sobrevienen, las medidas que se toman dependen de las ideas que flotan en el ambiente” decía el padre de la escuela monetarista Milton Friedman. Argentina tuvo su Rodrigazo y su Hiperinflación, 2 de las crisis fundacionales para el advenimiento de gobiernos neoliberales. A diferencia del 76, el gobierno de Carlos Menem fue elegido mediante el voto, sin embargo, también se erigió en un marco de caos y desorden económico en el que los ciudadanos compraron un discurso estabilizador.

En 2015 Mauricio Macri gana las elecciones contra un proyecto de inclusión social y en el marco de una continuidad democrática estable y sin sobresaltos desorganizadores de la cuestión social. Desde su asunción aplicó medidas de contracción y ajuste fiscal mediante sendas devaluaciones que se trasladaron a precios y sirvieron para realizar la mayor transferencia de ingresos de la que se tenga memoria. En el segundo trimestre de 2015 las personas más pobres se apropiaban del 1,5% de la renta y las más ricas del 25,9%. En el segundo trimestre de 2019 las personas más pobres se apropiaron del 1,3% de la renta y las más ricas del 30,9%. La pobreza, que en el segundo trimestre de 2015 era de 28,5% según la UCA, en el segundo trimestre de 2019 alcanzó el 40,8%. La tasa de desocupación del tercer trimestre de 2015 era de 5,9% según a EPH del INDEC, en el tercer trimestre de 2019 fue 9,7%, con una caída de 123 mil puestos de trabajo privados registrados y pérdida real en el poder adquisitivo de las jubilaciones del 20%. La inflación del 2015 había sido 26,9% según el IPC porteño; la interanual de noviembre 2019 49%.

Es en este contexto que el presidente electo Alberto Fernández envía un megaproyecto de ley cuyo título sienta una posición categórica del estado del Estado y de la Sociedad argentina. La “Ley de solidaridad social y reactivación productiva en el marco de la emergencia pública” viene a oficiar de mojón inicial para la reactivación de una economía deliberadamente apagada. No constituye una meta ni una hoja de ruta para los 4 años siguientes, sino la piedra fundacional de una economía con un paradigma antitético al del gobierno macrista.

La reformulación de la economía que se pretende, exige desacoplar los precios internos de los internacionales para desdolarizar la micro, mediante una serie de sesudos impuestos e incentivos. Restauración de los derechos a la exportación para que los alimentos no se paguen a valores internacionales y/o superiores, desdoblamiento cambiario mediante un gravamen del 30% a las compras en dólares, para asegurar las divisas para la importación de insumos productivos y el pago de deuda. Elevación de las alícuotas de bienes personales para gravar a los sectores privilegiados y ganadores del modelo anterior. Exención del impuesto a la renta financiera para fomentar el ahorro en pesos. Redistribución instantánea de ingresos en los sectores sociales más postergados con aumentos discrecionales mayores a la fórmula de actualización de haberes. Suspensión del austericidio fiscal de 2017 para las provincias. Readecuación del cuadro tarifario con una lógica equitativa. Alivio para las PyMes. Y llevar la deuda nacional a un sendero de sostenibilidad.

Y todo, sin la emisión monetaria que tanto desvela a la ortodoxia. Con una fuerte apuesta por el equilibrio fiscal, readecuando partidas presupuestarias preexistentes que estaban distribuidas de manera regresiva e inequitativa.

Ningún shock alinea incentivos y consensos de manera tan contundente como una crisis económica. Pero, a diferencia de los procesos neoliberales la oportunidad que se abrió para el gobierno de Alberto Fernández y para la región en su conjunto, permite tomar las medidas necesarias para encarar nuevamente el camino del desarrollo con inclusión social, contando con la fuerza de la legitimidad de base y el beneficio que solo la historia y la experiencia pueden dar. Esperemos que de una vez por todas, el desarrollo por fin se vuelva doctrina.

martes, 17 de diciembre de 2019

Un acuerdo de precios y salarios que no consolide la actual distribución regresiva del ingreso


Una de las banderas del modelo nacional y popular que tuvo lugar hasta 2015 fueron las metas de inclusión por sobre las metas de inflación de la ortodoxia económica. Una política de estado que se repitió consecutivamente durante 3 gestiones y que posibilitó una mejora en los niveles de equidad, por medio de mejoras salariales superiores al nivel inflacionario. Sin embargo, se desató una puja distributiva interminable que sólo se fue desacelerando con la implementación de algún tipo de sintonía fina; en 2013 con el fallido programa “Mirar para Cuidar” y desde e 2014 con el exitoso “Precios Cuidados” (efectivo hasta diciembre de 2015)

Desde antes que asuma el gobierno de Alberto Fernández se habla de un acuerdo entre los diversos actores productivos de la sociedad, que garantice una desaceleración de la espiralización inflacionaria. Sin embargo, la implementación de un acuerdo de precios y salarios puede legitimar y consolidar la actual distribución regresiva del ingreso que fue propiciada vía devaluaciones y pass throw por el macrismo; o bien puede oficiar de ancla inflacionaria eficiente y que la redistribución progresiva que se pretende desde el Albertismo esté asociada al incremento marginal en la producción real, es decir sobre el volumen económico logrado por el trabajo y/o el capital. No ya a una mera cuestión de precios. Una meritocracia de precios y salarios.

Esto no implicaría bajo ningún punto de vista más horas de trabajo para les trabajadores, ya que, en un contexto de mercado interno deprimido, los incentivos adecuados permitirían recomponer fácilmente la demanda. La actual demanda insatisfecha serviría para propiciar una mejora redistributiva que retroalimentaría el proceso virtuoso de la economía de un modelo económico que se propone distinto al de valorización financiera, y con una inflación mucho menor a la que tuvimos hasta 2015.

Acotar las variaciones incrementales propias de la puja distributiva para reducir la nominalidad de la economía va a ser el gran desafío del acuerdo con todos los sectores sociales. De lograrse, la participación del trabajo en la generación del ingreso evolucionará, aunque más lentamente, indexada no a los precios, sino a los indicadores de crecimiento real.

La salida de la inflación no es el ajuste ortodoxo sino el ajuste de una sintonía fina desbaratada por un proceso neoliberal concentrador del ingreso y los recursos. En el segundo trimestre de 2015 las personas más pobres se apropiaban del 1,5% de la renta y las más ricas del 25,9%. En el segundo trimestre de 2019 las personas más pobres se apropiaron del 1,3% de la renta y las más ricas del 30,9%. Es necesario retrotraer los niveles de desigualdad, al menos, a los niveles en los que la variación del PBI argentino era positiva.

jueves, 28 de noviembre de 2019

LA IMPLANTACIÓN DEL RELATO NEOLIBERAL: "El gobierno de Macri no fue tan malo"


Antes de empezar a horadar el gobierno de Alberto Fernández la hegemonía mediática y los sectores económicamente concentrados se aprestan a construir un relato favorable a la gestión de Mauricio Macri. La idea es implantar en el subconsciente que el gobierno neoliberal de estos últimos 4 años “no fue tan malo”.

El objetivo no es principalmente asegurar el triunfo a futuro de un gobierno del mismo signo ideológico, sino hacer mella sobre la imagen y la opinión publica de otro, de un signo distinto, y que inicia su mandato el 10 de diciembre.

Desde los medios
  • El relato comenzó antes de las elecciones Primarias del 11 de agosto cuando el periodismo avizoraba una victoria de Juntos por el Cambio por un reducido margen de diferencia. Sin embargo, el resultado dejó patitiesos a propios y ajenos: 47,79% para Fernández y 31,80% para Macri.
  • Continuó con la instalación de un posible ballotage previo a las elecciones generales del 27 de octubre. Sin embargo, otra vez el apabullante resultado desconcertó al periodismo pautaplanero: 48,24% para Fernández y 40,28% para Macri. La brecha fue menor que en las PASO, pero los 8 puntos porcentuales de distancia dejaron en claro que la “posibilidad de ballotage” sólo existió en los medios de comunicación.
  • Pese a la victoria de Alberto Fernández, se intentó con la idea de un derrotado triunfante. Relativizando la enorme distancia entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio y sembrando dudas sobre la legitimidad de origen, cuando a diferencia del 2015 a Macri se lo daba con un ganador indiscutido, con un 2,68% más que Scioli y efectivamente en un escenario de ballotage.


Desde el gobierno

  • Ni lerdo ni perezoso, el gobierno intentó instalar su propio relato de manera orgánica más allá de la agenda mediática inorgánica. El 4 de noviembre, Marcos Peña lanzó un panfleto de 8 puntos sobre la economía, con una descripción ajena a la realidad y con ribetes ficcionales. La descripción desvergonzada de una gestión exitosa inexistente que había creado las bases para el crecimiento futuro fue el caballito de batalla elegido para implantar directamente el virus del eficientísimo neoliberal. Si de acá en más el país crece, no va a ser por la eficiencia del gobierno de Fernández sino por el ajuste de Macri.


Dejar asentado en el imaginario colectivo el supuesto eficientísmo neoliberal va a ser el factor central de la desestabilización y cualquier mínimo error de Alberto, así sea el nudo mal hecho de la corbata, los cordones desatados o un nombre mal pronunciado, va a ser vituperado cual si fuese la destrucción de la patria y se dirá que a pesar de todo… el gobierno de Macri no fue tan malo.

Si bien es cierto que la destrucción económica fue parcial, esto se debió a una resistencia social y sindical que impidió que los 4 años perdidos de Macrismo hicieran daños irrecuperables sobre la estructura productiva y social de nuestro país; habiendo recibido un país macroeconómicamente estable, desendeudado, con bajo desempleo y con una pobreza en descenso. Mauricio Macri deja uno muy distinto, con un retroceso de al menos 10 años en cuanto al desarrollo en sentido amplio. De ahí que los posibles futuros éxitos económicos que, al salir del pozo le competen, van a ser atribuídos a las supuestas correcciones implementadas por Macri

Otra vez el sofisma Neoliberal que supone pasarla mal para que la copa derrame en un futuro. Otra vez el intento de la derecha por modificar los patrones culturales de nuestra sociedad, coqueteando con el olvido y la desmemoria.

domingo, 6 de octubre de 2019

CRISTINA NO INVENTÓ LA GRIETA


Como consecuencia de intentar politizar la sociedad a la fuerza, el Kirchnerismo fragmentó a la sociedad. La polarización se produjo por intentar visibilizar dos modelos de país, diferenciados en la práctica, pero tergiversados mediáticamente.

De un lado los que apoyaban el modelo económico, político y social que se estaba aplicando y del otro, los que les generaba rechazo, no el modelo en sí mismo sino sus defensores. La alternativa no era una propuesta superadora y clara, sino el rechazo, la ridiculización y el intento de destrucción de un modelo y sus defensores.

Pero el fenómeno de la división ideológica no fue premeditado, sino un subproducto de la implementación de políticas públicas que ampliaban derechos y vulneraban los privilegios de sectores económicos concentrados. Sin embargo, su utilización sí fue pensada y puesta en práctica por los medios hegemónicos, que se dedicaron y aún se dedican, a editorializar con ella como punto de partida.

Jorge Lanata revivió el término “grieta” en 2013 cuando le entregaron el Martín Fierro por mejor programa periodístico. Lo había utilizado con anterioridad para hacer referencia a las prácticas represoras de la dictadura. Pero el reciclado término pegó luego de su discurso en el Martín Fierro, de la mano de un sistema hegemónico de medios que se encargó de instalarlo en lo más profundo del subconsciente colectivo.


Cristina no inventó la grieta, pero sí se encargó de enmendarla. Cuando el 18 de mayo de 2019 decidió dar un paso al costado en pos de la unidad y decidió ir como vicepresidenta, logró alinear a gran parte de las voces más representativas de la oposición al Macrismo. Una acción que rechazaba la vanidad individual por sobre el altruismo colectivo y dejaba expuestos a los que no se alinearan. Su presencia en la fórmula con Alberto era garantía para asegurar el voto duro del kirchnerismo y su menor rango, una propuesta para ampliar el espectro. 

Tal vez por su responsabilidad indiscutible a la hora de exponer dos modelos de país que despertaron simpatías y odios, le correspondía tomar la iniciativa. Pero podía no haberlo hecho. Sin embargo, así lo hizo. Ya que el rédito de la grieta nunca fue capitalizado por el Kirchnerismo, el rédito de la grieta fue desde un primer momento propiedad de la hegemonía mediática.

La crisis provocada por la financiarización de la estructura económica impuso un acuerdo sin precedentes para la reconstrucción y reactivación del aparato productivo. El clamor de unidad de la calle fue determinante a la hora de establecer una vasta coalición de poder comprometida con el cierre de una grieta que construyeron los medios y de la que tanto rédito han sacado.


El gobierno de Mauricio Macri fue muy eficiente para llegar al poder en 2015, gracias a una estrategia comunicacional marketinera y presuntamente apolítica. Pero para gobernar no basta con estar al frente en poder sino contar con la legitimidad para poder sostenerse al mando. Fue el mero discurso, lo que le permitió a Macri ser presidente, discurso diametralmente opuesto a las acciones ejercidas desde su gestión desde diciembre del 2015. El oxímoron manifestado llevó al alejamiento de la mayoría que lo erigió en el poder y convalidó el pasado 11 de agosto, una posición antitética. La yegua pasó a ser un corcel, dejó de ser tan puta y muchos se dieron cuenta que su pasado montonero había sido un invento de la prensa.

Cristina no inventó la grieta. La grieta fue una construcción mediática a partir de la división ideológica cierta. Pero la división ideológica existe desde que el mundo es mundo. Cristina no inventó la grieta, pero dio el puntapié inicial para cerrarla.