martes, 17 de diciembre de 2019

Un acuerdo de precios y salarios que no consolide la actual distribución regresiva del ingreso


Una de las banderas del modelo nacional y popular que tuvo lugar hasta 2015 fueron las metas de inclusión por sobre las metas de inflación de la ortodoxia económica. Una política de estado que se repitió consecutivamente durante 3 gestiones y que posibilitó una mejora en los niveles de equidad, por medio de mejoras salariales superiores al nivel inflacionario. Sin embargo, se desató una puja distributiva interminable que sólo se fue desacelerando con la implementación de algún tipo de sintonía fina; en 2013 con el fallido programa “Mirar para Cuidar” y desde e 2014 con el exitoso “Precios Cuidados” (efectivo hasta diciembre de 2015)

Desde antes que asuma el gobierno de Alberto Fernández se habla de un acuerdo entre los diversos actores productivos de la sociedad, que garantice una desaceleración de la espiralización inflacionaria. Sin embargo, la implementación de un acuerdo de precios y salarios puede legitimar y consolidar la actual distribución regresiva del ingreso que fue propiciada vía devaluaciones y pass throw por el macrismo; o bien puede oficiar de ancla inflacionaria eficiente y que la redistribución progresiva que se pretende desde el Albertismo esté asociada al incremento marginal en la producción real, es decir sobre el volumen económico logrado por el trabajo y/o el capital. No ya a una mera cuestión de precios. Una meritocracia de precios y salarios.

Esto no implicaría bajo ningún punto de vista más horas de trabajo para les trabajadores, ya que, en un contexto de mercado interno deprimido, los incentivos adecuados permitirían recomponer fácilmente la demanda. La actual demanda insatisfecha serviría para propiciar una mejora redistributiva que retroalimentaría el proceso virtuoso de la economía de un modelo económico que se propone distinto al de valorización financiera, y con una inflación mucho menor a la que tuvimos hasta 2015.

Acotar las variaciones incrementales propias de la puja distributiva para reducir la nominalidad de la economía va a ser el gran desafío del acuerdo con todos los sectores sociales. De lograrse, la participación del trabajo en la generación del ingreso evolucionará, aunque más lentamente, indexada no a los precios, sino a los indicadores de crecimiento real.

La salida de la inflación no es el ajuste ortodoxo sino el ajuste de una sintonía fina desbaratada por un proceso neoliberal concentrador del ingreso y los recursos. En el segundo trimestre de 2015 las personas más pobres se apropiaban del 1,5% de la renta y las más ricas del 25,9%. En el segundo trimestre de 2019 las personas más pobres se apropiaron del 1,3% de la renta y las más ricas del 30,9%. Es necesario retrotraer los niveles de desigualdad, al menos, a los niveles en los que la variación del PBI argentino era positiva.

jueves, 28 de noviembre de 2019

LA IMPLANTACIÓN DEL RELATO NEOLIBERAL: "El gobierno de Macri no fue tan malo"


Antes de empezar a horadar el gobierno de Alberto Fernández la hegemonía mediática y los sectores económicamente concentrados se aprestan a construir un relato favorable a la gestión de Mauricio Macri. La idea es implantar en el subconsciente que el gobierno neoliberal de estos últimos 4 años “no fue tan malo”.

El objetivo no es principalmente asegurar el triunfo a futuro de un gobierno del mismo signo ideológico, sino hacer mella sobre la imagen y la opinión publica de otro, de un signo distinto, y que inicia su mandato el 10 de diciembre.

Desde los medios
  • El relato comenzó antes de las elecciones Primarias del 11 de agosto cuando el periodismo avizoraba una victoria de Juntos por el Cambio por un reducido margen de diferencia. Sin embargo, el resultado dejó patitiesos a propios y ajenos: 47,79% para Fernández y 31,80% para Macri.
  • Continuó con la instalación de un posible ballotage previo a las elecciones generales del 27 de octubre. Sin embargo, otra vez el apabullante resultado desconcertó al periodismo pautaplanero: 48,24% para Fernández y 40,28% para Macri. La brecha fue menor que en las PASO, pero los 8 puntos porcentuales de distancia dejaron en claro que la “posibilidad de ballotage” sólo existió en los medios de comunicación.
  • Pese a la victoria de Alberto Fernández, se intentó con la idea de un derrotado triunfante. Relativizando la enorme distancia entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio y sembrando dudas sobre la legitimidad de origen, cuando a diferencia del 2015 a Macri se lo daba con un ganador indiscutido, con un 2,68% más que Scioli y efectivamente en un escenario de ballotage.


Desde el gobierno

  • Ni lerdo ni perezoso, el gobierno intentó instalar su propio relato de manera orgánica más allá de la agenda mediática inorgánica. El 4 de noviembre, Marcos Peña lanzó un panfleto de 8 puntos sobre la economía, con una descripción ajena a la realidad y con ribetes ficcionales. La descripción desvergonzada de una gestión exitosa inexistente que había creado las bases para el crecimiento futuro fue el caballito de batalla elegido para implantar directamente el virus del eficientísimo neoliberal. Si de acá en más el país crece, no va a ser por la eficiencia del gobierno de Fernández sino por el ajuste de Macri.


Dejar asentado en el imaginario colectivo el supuesto eficientísmo neoliberal va a ser el factor central de la desestabilización y cualquier mínimo error de Alberto, así sea el nudo mal hecho de la corbata, los cordones desatados o un nombre mal pronunciado, va a ser vituperado cual si fuese la destrucción de la patria y se dirá que a pesar de todo… el gobierno de Macri no fue tan malo.

Si bien es cierto que la destrucción económica fue parcial, esto se debió a una resistencia social y sindical que impidió que los 4 años perdidos de Macrismo hicieran daños irrecuperables sobre la estructura productiva y social de nuestro país; habiendo recibido un país macroeconómicamente estable, desendeudado, con bajo desempleo y con una pobreza en descenso. Mauricio Macri deja uno muy distinto, con un retroceso de al menos 10 años en cuanto al desarrollo en sentido amplio. De ahí que los posibles futuros éxitos económicos que, al salir del pozo le competen, van a ser atribuídos a las supuestas correcciones implementadas por Macri

Otra vez el sofisma Neoliberal que supone pasarla mal para que la copa derrame en un futuro. Otra vez el intento de la derecha por modificar los patrones culturales de nuestra sociedad, coqueteando con el olvido y la desmemoria.

domingo, 6 de octubre de 2019

CRISTINA NO INVENTÓ LA GRIETA


Como consecuencia de intentar politizar la sociedad a la fuerza, el Kirchnerismo fragmentó a la sociedad. La polarización se produjo por intentar visibilizar dos modelos de país, diferenciados en la práctica, pero tergiversados mediáticamente.

De un lado los que apoyaban el modelo económico, político y social que se estaba aplicando y del otro, los que les generaba rechazo, no el modelo en sí mismo sino sus defensores. La alternativa no era una propuesta superadora y clara, sino el rechazo, la ridiculización y el intento de destrucción de un modelo y sus defensores.

Pero el fenómeno de la división ideológica no fue premeditado, sino un subproducto de la implementación de políticas públicas que ampliaban derechos y vulneraban los privilegios de sectores económicos concentrados. Sin embargo, su utilización sí fue pensada y puesta en práctica por los medios hegemónicos, que se dedicaron y aún se dedican, a editorializar con ella como punto de partida.

Jorge Lanata revivió el término “grieta” en 2013 cuando le entregaron el Martín Fierro por mejor programa periodístico. Lo había utilizado con anterioridad para hacer referencia a las prácticas represoras de la dictadura. Pero el reciclado término pegó luego de su discurso en el Martín Fierro, de la mano de un sistema hegemónico de medios que se encargó de instalarlo en lo más profundo del subconsciente colectivo.


Cristina no inventó la grieta, pero sí se encargó de enmendarla. Cuando el 18 de mayo de 2019 decidió dar un paso al costado en pos de la unidad y decidió ir como vicepresidenta, logró alinear a gran parte de las voces más representativas de la oposición al Macrismo. Una acción que rechazaba la vanidad individual por sobre el altruismo colectivo y dejaba expuestos a los que no se alinearan. Su presencia en la fórmula con Alberto era garantía para asegurar el voto duro del kirchnerismo y su menor rango, una propuesta para ampliar el espectro. 

Tal vez por su responsabilidad indiscutible a la hora de exponer dos modelos de país que despertaron simpatías y odios, le correspondía tomar la iniciativa. Pero podía no haberlo hecho. Sin embargo, así lo hizo. Ya que el rédito de la grieta nunca fue capitalizado por el Kirchnerismo, el rédito de la grieta fue desde un primer momento propiedad de la hegemonía mediática.

La crisis provocada por la financiarización de la estructura económica impuso un acuerdo sin precedentes para la reconstrucción y reactivación del aparato productivo. El clamor de unidad de la calle fue determinante a la hora de establecer una vasta coalición de poder comprometida con el cierre de una grieta que construyeron los medios y de la que tanto rédito han sacado.


El gobierno de Mauricio Macri fue muy eficiente para llegar al poder en 2015, gracias a una estrategia comunicacional marketinera y presuntamente apolítica. Pero para gobernar no basta con estar al frente en poder sino contar con la legitimidad para poder sostenerse al mando. Fue el mero discurso, lo que le permitió a Macri ser presidente, discurso diametralmente opuesto a las acciones ejercidas desde su gestión desde diciembre del 2015. El oxímoron manifestado llevó al alejamiento de la mayoría que lo erigió en el poder y convalidó el pasado 11 de agosto, una posición antitética. La yegua pasó a ser un corcel, dejó de ser tan puta y muchos se dieron cuenta que su pasado montonero había sido un invento de la prensa.

Cristina no inventó la grieta. La grieta fue una construcción mediática a partir de la división ideológica cierta. Pero la división ideológica existe desde que el mundo es mundo. Cristina no inventó la grieta, pero dio el puntapié inicial para cerrarla.

domingo, 14 de julio de 2019

Los micro-oficialismos en TV



La capacidad mediática para incorporar cuestiones de neto corte político de manera subrepticia en el subconsciente audiovisual, ha logrado un avance considerable desde la llegada de la anti política al poder. Aquellos medios de apariencia apolítica o que se decían objetivos, han virado de manera rotunda hacia una línea editorial de marcado tinte oficialista.

En Macrismo redujo a su mínima expresión a la Televisión Pública, eliminó programas como 678 y visión 7 Internacional redujo la pauta en radios opositoras como Del Plata, que ya venía con problemas financieros y deudas salariales, silenció voces periodísticas como la de Roberto Navarro en C5N, Víctor Hugo Morales en Continental o la de Horacio Verbitsky en Página 12. Sin contar con el encarcelamiento a los dueños de C5N Cristóbal López y Fabián De Sousa y de Gerardo Ferreyra dueño de Electroingeniería, la propietaria de Del Plata.

La persecución política, económica y judicial atraviesa también a otros medios no oficialistas como Radio América (AM 1190) y El Mundo (AM 1070), que fueron silenciadas y abandonadas a su suerte; Rivadavia, FM Rock&Pop, Espn y a las pertenecientes al Grupo Indalo[1]. O el caso de Tiempo Argentino, devenido en cooperativa gracias a la lucha de sus trabajadoras y trabajadores, empero el Canal CN23, del mismo grupo empresario, no corrió la misma suerte.



El problema no resulta de la toma de posición política de tal o cual canal de TV, diario o medio online, sino de su pretendida carencia de discurso político o su autodenominación como “independiente”, ya que de esta manera se restringe la posibilidad de discernimiento al televidente o lector.

Telefé del grupo norteamericano Viacom es el que mayor pauta publicitaria del gobierno de la ciudad.



Cuenta con un noticiero vespertino que ha jugado muchas veces con su aséptica línea editorial, pero a raíz de la campaña electoral 2019 ha intensificado el uso de micro-oficialismos para limpiar la imagen del gobierno y defender políticas claves como la baja intermensual de la inflación o la estabilidad cambiaria, por tomar algunos ejemplos:





El programa de entretenimiento “Quién Quiere Ser Millonario”, en prime time es un fiel ejemplo de propaganda no tradicional de neto corte político y defensa de las políticas oficiales:






viernes, 7 de junio de 2019

A un año de tocar Fondo: del "cepo K" al cepo M


La presión de los medios de comunicación hegemónicos fueron determinantes para que se construyera la idea generalizada de represión salarial. Camuflados en la voz de la gente, construyeron el relato de coartación de libertades económicas individuales. Transformar el bien empresarial en el bien común es una especialidad de la élite nacional a lo largo de toda la historia.
La restricción externa empezó a ser un problema a fines del 2011 cuando se aceleró la fuga de capitales. Se resolvió por aquel entonces establecer una serie de controles cambiarios que desalentaran la dolarización del ahorro nacional. El excelente artículo de Luján Scarpinelli en el diario La Nación[1] sintetiza la cronología del “Cepo K”:

El 31 de octubre de 2011, mediante la Resolución General 3210/11[2] se dispuso que la compra de divisas para personas físicas y jurídicas se realizaría previa autorización de la AFIP.

El 9 de febrero de 2012 se estableció que las empresas que necesitaran dólares para girar al exterior, ya sea para el pago de importaciones o giro de utilidades, deberían tener una aprobación del Banco Central. El 3 de abril de ese año se dispuso que los adelantos con tarjeta de débito en cajeros automáticos del exterior deberían provenir de cuentas locales en moneda extranjera. El 9 de mayo se reduce el límite para la compra de dólares del 40% del salario al 25%. El 25 de mayo, mediante la resolución 3333, la AFIP puso en vigencia un nuevo régimen informativo para los contribuyentes que adquirieran paquetes de viajes turísticos para que las agencias de turismo con acceso al mercado oficial de cambios, hicieran una diferencia cobrando al precio del dólar paralelo, paquetes que les había costado a precio oficial.

El 15 de junio de 2012 la AFIP elimina la posibilidad de comprar dólares para atesoramiento[3]. Las opciones en el sitio eran: viajes al exterior, adquisición de bienes y otros destinos. El 5 de julio la prohibición fue oficializada. Las posibilidades para comprar dólares, entonces, eran: viajes y turismo, pago y cobro de mercancías, servicios, rentas y capital, algunos créditos hipotecarios, y donaciones a organismos y entidades gubernamentales.

El 10 de agosto de 2012 se limitó la venta de dólar "turista"[4]. La autorización de divisas se fijó en un plazo no mayor a siete días antes del viaje, y en la moneda del país de destino. El 31 de agosto de 2012 surge el "dólar tarjeta". Se estableció una percepción del 15% sobre el monto total de los consumos en otros países con tarjetas de crédito y débito. El 1 de noviembre de 2012 el BCRA impidió la compra de dólares a partir de hipotecas en pesos para la adquisición de inmuebles.

El 3 de diciembre de 2013 AFIP sube del 20 al 35% el recargo a los consumos en dólares con tarjeta y al turismo, e incluye en la normativa las compras de billetes por parte de viajeros en el mercado oficial, que hasta ese momento estaban exentas. Sobre el dólar oficial que cotizaba a $ 6,19, el "dólar turista" pasó a $ 8,35.

El 27 de enero de 2014 se dispuso que las personas físicas que quisieran acceder al mercado oficial deberían haber ganado en promedio $7200 en los últimos doce meses. Estos podrían adquirir divisas sólo por el 20% de su ingreso mensual declarado con un tope de U$S 2000 por mes. Y los que decidieran depositar su compra a 365 en caja de ahorro o plazo fijo no pagarían la retención del 20% de la AFIP. Quien calificase con el requisito mínimo podía adquirir hasta U$S 180 al mes. Y sólo podrían alcanzar el tope de U$S 2000 quienes tuvieran un salario mínimo de bolsillo -también en promedio- de al menos $80.000.

El 27 de octubre de 2015, frente a la aceleración de la fuga frente al escenario electoral el Gobierno redujo un 50% el límite que tenían las empresas importadoras para la compra de dólares sin la necesidad de contar con una autorización previa, aumentó el interés en 3 puntos porcentuales que pagaban las Lebacs y obligó a las aseguradoras a desprenderse de los bonos en dólares. Para los importadores, el monto mínimo de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importaciones (DJAI) se reducirá de 150.000 a 75.000 dólares. El 28 de octubre de 2015 el Banco Central informó a las agencias de viajes la reducción a la mitad del cupo diario para el giro de divisas al exterior. Esta medida redujo de 150.000 a 75.000 dólares por día, siguiendo los pasos de lo sucedido con las empresas importadoras.

A una semana de haber asumido, el gobierno de Mauricio Macri anunció el fin del "Cepo K" para la adquisición de divisas. La salida no fue gratuita, la mega devaluación del 37% desató una espiral inflacionaria que afectó fuertemente a los trabajadores, que todavía hoy siguen sin poder recomponer la pérdida del poder adquisitivo de sus salarios.

Si se contabilizan las transferencias al exterior acumuladas por medio del Método residual de la Balanza de Pagos (MRBP) se comprueba que en los catorce años considerados (2002-2015) la fuga de capitales suma US$ 142.000 millones, mientras que por el de stocks alcanza US$ 129.119 millones y US$ 101.932 millones según el método cambiario del BCRA[5]. Sin embargo, en apenas 3 años y medio de gestión Pro, la dolarización del ahorro Nacional ya supera los US$ 133.313 millones[6].

A eso hay que sumarle el pavoroso endeudamiento de US$ 187.298 millones desde diciembre del 2015 para financiar la demanda de divisas, fundamentalmente por parte de empresas y el capital concentrado.

El problema no es la deuda, el problema es su denominación, ya que el 82,3% de la deuda contraída es en dólares. No ser el propietario de la moneda en que se encuentra, impone una condicionalidad directa sobre la independencia económica y la soberanía para determinar rumbo del país. La deuda externa es y será, el gran cepo (M) para el desarrollo argentino.



jueves, 16 de mayo de 2019

El gobierno no facasó


El gobierno de Cambiemos está lejos de haber fracasado. No sólo no fracasó, sino que ha logrado la redistribución de los ingresos que se propuso al inicio de su mandato con la primera de las devaluaciones en diciembre del 2016 y el principio del “sinceramiento” tarifario.

Entre los precios que regula el Estado previo audiencia pública para evaluar aumentos, se encuentran las tarifas de electricidad, gas, agua, transporte público, combustibles, telefonía y medicina prepaga.  Mientras que el nivel general de precios desde diciembre de 2016 (luego de la primera devaluación del PRO) se incrementó en 106% hasta marzo de 2019, los precios regulados se incrementaron en 140,7%.

El flagrante contraste entre el discurso de bajar la inflación y los aumentos tarifarios avalados por el Estado, son la consecuencia de la voluntad política clara y direccionada, no son fruto del azar o la casualidad, mucho menos de la inacción.




LAS PRINCIPALES EMPRESAS GANADORAS



LA TIMBA

Las altas tasas de mercado que impone el Gobierno, se trasladan al resto de la economía y encarecen la financiación, tanto para las empresas dedicadas a la economía real que terminan trasladando esos costos al precio de los bienes finales, como para las familias, que toman créditos en los bancos o utilizan tarjetas de crédito para el consumo.



VALORIZACIÓN DE LAS EMPRESAS PRINCIPALES EMPRESAS GANADORAS


LOS PERDEDORES

Los principales perdedores del modelo son los trabajadores, cuyos ingresos reales han caído fuertemente frente a la inflación. Los salarios nominales aumentaron por debajo de la evolución del nivel general de precios y mucho menos que del nivel de precios regulados.




LA DESIGUALDAD


El corolario es una brutal distribución regresiva de los ingresos de los trabajadores a las empresas, pocas veces vista en la historia de la República Argentina en un período tan corto.

sábado, 11 de mayo de 2019

Cuando los medios se equivocan


Cristina no va a ser candidata porque ira a la cárcel. Cristina no irá presa, pero no será candidata. Cristina va a ser candidata, pero perdería en ballotage. Cristina va a ser candidata y el anuncio será en la feria del libro. Si Cristina gana, reformará la constitución para habilitar la reelección indefinida… etc.

Análisis resueltos de periodistas presuntamente objetivos, verdades formuladas desde el olimpo que después se terminan comprobando absolutamente opuestas.

¿Se equivocan los periodistas o es la realidad una autonomía indescifrable que los excede?

Ninguno de los análisis formulados es inocente. Querer sentar una posición personal dista mucho de intentar formar la opinión inherente al medio de comunicación en cuestión. Aunque travestidas de expresiones de deseo erradas, las opiniones lanzadas como verdades manifiestas, son falsadas posteriormente con los hechos y luego recicladas en un relato tergiversado que busca legitimarse.

No se observa ingenuidad en la comunicación de actores que dicen tener información de fuentes calificadas, allegados cercanos o del mismo personaje referido. Porque “nosotros te lo confirmamos”, “tenemos data”, “te contamos la posta”. Aunque después no suceda o suceda lo contrario, basta con salir a desmarcarse al día siguiente delegando responsabilidades en la supuesta fuente o apelando sencillamente a la lógica contra fáctica.

El desconcierto enunciado, se emparenta con el entrevistador que sólo se limita a realizar preguntas sin escuchar la respuesta del entrevistado y termina por questionar lo mismo que fue ya fue respondido con la primera de sus preguntas. No escuchar, no ver o no sentir lo que pasa en la calle, no es culpa del periodista. Por más servil que éste sea, siempre termina respondiendo a una línea editorial superior. Deliberadamente impuesta o no, la opinión del medio de comunicación no es ajena a los comunicadores, porque independencia es un oxímoron en los medios hegemónicos.

¿Cuándo, los medios se equivocan?

Si entonces las afirmaciones futurológicas no son un equívoco, ni de medios ni de periodistas, ¿cuándo se equivocan los medios de comunicación? Se equivocan al querer modelar a imagen y semejanza de sus líneas editoriales, la subjetividad de la opinión pública. Éste intento desesperado por anticiparse a la realidad queriendo cooptarla, debilita la credibilidad de la información y la devalúa. El corolario, una moneda de cambio absolutamente carente de peso propio.