sábado, 24 de marzo de 2018

Fake News – Su propio límite. Memoria verdad y justicia



Es evidente que en el gobierno de “las formas” ningún detalle es librado al azar y menos cuando se refiere a lo comunicacional. Es falaz, que el gobierno de Mauricio Macri no sabe comunicar o no comunica bien, un caballito de batalla extendido y repetido por quienes justamente por aquellos comunicadores que sintonizan políticamente con la gestión.

Pero el sostenimiento de las noticias falsas encuentra un límite natural. Un límite que no tiene que ver con la capacidad comunicacional como se pregona, sino con un limite ideológico. Al gobierno se le dificulta y no puede mentir respecto de su pensamiento más profundo, de lo que hace a una concepción política y de su verdadero proyecto político y social. En éste punto, el gobierno busca ser determinante y rotundo: Su desprecio a la política de derechos humanos.

Su deliberada ridiculización a referentes y organismos que luchan por el esclarecimiento de crímenes de lesa humanidad se mezcla con una perversa política reivindicatoria y profundamente simbólica del genocidio de estado. No es casual que se de a conocer una lista con participes de la represión, candidatos a recuperar la libertad justo por estas fechas. Tampoco es aleatorio que se extienda la idea de que pueda ser liberado Alfredo Ignacio Astiz, que se le otorgue la domiciliaria a Miguel Osvaldo Etchecolatz (pese a que la justicia diera marcha atrás) o que se recorte el financiamiento a los programas de memoria. En suma, todo ello busca “acercarnos” y achicar la grieta, busca que los argentinos de una vez por todas “perdonemos” y nos demos la mano los unos a los otros. Lo que no se nos comunica, es que, del otro lado de la grieta, algunos tienen las manos manchadas de sangre.

martes, 20 de marzo de 2018

Fake News - ¿Hasta cuando se sostienen?



La incesante influencia mediática sobre las percepciones individuales de la economía genera un optimismo casi constante cuando el contexto apremia. Cuando son los grupos concentrados o dominantes, los que se benefician con determinadas políticas que favorecen la transferencia de ingresos de los asalariados, es común ver una defensa irrestricta a los funcionarios de turno. Pasó en los 90’ y pasa ahora. El aparato mediático no sólo no es ajeno a los intereses del sector financiero, sino que se inmiscuye hasta el punto en el que es difícil escindirlo del capital globalizado. ¿Qué empresas son argentinas y cuáles no?  ¿Cómo distinguir los límites de propiedad cuando las fronteras financieras son deliberadamente difusas?

En 2007, Néstor Kirchner permitió la adquisición de Multicanal por parte de Cablevisión, consolidando un multimedio con el 47% de la participación en el mercado[1]. Durante cierto tiempo, Cristina tuvo el visto bueno del grupo hasta que las rispideces con el campo le valieron de numerosas tapas en contra hasta culminar con la ley de medios en 2009.

En 2017, Macri aprueba la fusión de Cablevisión y Telecom, conformando un holding que concentra el 38% del mercado de TV por cable, 68% de los servicios de banda ancha fijos (Fibertel y Arnet), 39,5% de la banda ancha móvil, 40,9% de la telefonía fija y 30% de la móvil (Personal y Nextel).[2]
¿Se asegura así el gobierno, un apoyo incondicional a todas aquellas medidas impopulares que tiendan beneficiar a aquellos sectores concentrados de la economía?

¿Hasta cuándo se sostiene el ajuste, la información retaceada o las Noticias Falsas? Muchos coinciden en que eso depende de la capacidad de aguante del ajustado o del desinformado. Yo creo que está más en consonancia con el optimismo propendido desde los medios afines (económicamente hablando) al gobierno y del grado de satisfacción gubernamental, a sus requerimientos.

La inversión ideológica se realiza desde el discurso mediático, haciendo creer que “las cosas van a mejorar en el futuro” y que dicha situación social beneficiosa es inherente a la continuidad gubernamental. Cuando en verdad los asalariados están soportando el peso de una trasferencia de ingresos descomunal. Es el caso opuesto cuando el contexto social es el favorable, cuando el salario crece por encima de la inflación, cuando los jubilados conservan poder adquisitivo y cuando las tarifas de servicios no horadan la capacidad de compra de las familias.

Por eso cabe preguntarse: ¿Cuánto poder estará dispuesto a ceder Mauricio Macri en pos de asegurarse la gobernabilidad durante el resto de su gestión?




[1] https://www.lanacion.com.ar/969301-el-gobierno-autorizo-la-fusion-de-multicanal-y-cablevision
[2] http://www.telam.com.ar/notas/201712/233091-fusion-telecom-cablevision-internet-cuadruple-play-que-significa.html

jueves, 4 de enero de 2018

LA DESPOLITIZACIÓN EN LA ERA MACRISTA


A partir del 2010 con la muerte de Néstor Kirchner, se había despertado en la juventud argentina la curiosidad por la participación política. Un fenómeno similar al reverdecer democrático de los años 80, en los que un aluvión juvenil se había volcado a la militancia con la convicción de construir un mejor país.  

Horadado por el asedio mediático, el enamoramiento inicial empezó a esfumarse para, en 2015, darle paso a un gobierno de signo político opuesto.
La familia Macri siempre estuvo asociada con la construcción de obra pública que le otorgaba el estado y desde que asumió la primera magistratura, las empresas que le pertenecían él o las que eran propiedad de sus amigos, se vieron beneficiadas con licitaciones públicas para la construcción de obras.

Pero la administración Macrista no solo vino a hacer negocios a costa del estado, su objetivo ulterior sigue siendo reinstalar la despolitización que reinaba en los años 90, en los que un clima aparentemente aséptico de tintes partidarios era el garante del republicanismo argentino.

La anti política mediática batalla a capa y espada, como lo hacía entonces, para proteger a los funcionarios que otorgan negocios a privados. La movilización popular es demonizada y denigrada hasta el hartazgo y reprimida en caso de ser necesario. Los medios opositores son silenciados con la quita parcial o total de pauta oficial mientras los medios amigos son premiados con aumentos, cesiones de licencias o autorización de fusiones.

Esta vez, la despolitización va más allá de un mero rasgo o una consigna que caracteriza a la administración de turno, es un nuevo paradigma que busca censurar la politización permanente de la que el Kirchnerismo usufructuó por tanto tiempo. Néstor y cristina se sirvieron de la polarización que generaba la interpelación constante para construir poder y gobernar.

En el paradigma despolitizador, el hartazgo es la norma y la vuelta del “que se vayan todos”, la meta. Su objetivo final es cederle la gobernancia del país a las corporaciones (que a diferencia de los 90’, ésta vez llegaron al poder) y que quien gobierne sea la mano invisible del mercado.

La consolidación de una Plutocracia a la EEUU tiene graves efectos no solo redistributivos, sino de libertades individuales. Conforme sea su avance, veremos limitado el derecho de expresión, manifestación y acceso libre a la información.

jueves, 12 de octubre de 2017

El ajuste en los subsidios: más mercado y menos estado


El presupuesto de 2018 viene de la mano de un ajuste real del gasto de gobierno en casi todos los ministerios excepto en cuatro: Ministerio de trabajo, Empleo y Seguridad Social con un incremento del 22,3% en términos nominales; Ministerio de Desarrollo Social con un incremento del 21,2%, Educación 21,9% y los Servicios de la deuda pública, que se incrementan en un 28,2% respecto del 2017. Por su parte, el Ministerio de Energía y Minería experimentará una reducción del 19,5% del total del gasto público.

El gobierno efectuará una erogación de $203.350 millones en términos de subsidios, un 13,2% menos que lo presupuestado en 2017. Como porcentaje del PIB, el gasto en subsidios pasará del 2,3% actual al 1,6% para el año que viene. La reducción se explica principalmente por un menor monto destinado a mantener las tarifas energéticas, con una reducción de 16%.

Si hay algo que el gobierno tiene claro, es que debe bajar el nivel de inflación para que ésta no licue las ganancias del carry trade que se obtienen por un dólar prácticamente fijo. Es el único Plan Económico del gobierno, por lo que se pivotea sobre el consumo que realizan los hogares como variable de ajuste. Si se espera una caída real de 36,7% del total de subsidios, teniendo el promedio de inflación presupuestado (15,7%), ¿cuánto debe ser el aumento en las tarifas para compensar la disminución de los ingresos de las empresas de servicios públicos? (incluso sin mencionar los aumentos de segunda ronda)

Ello suponiendo que hay un apego total en la ejecución de las partidas presupuestarias. Pero teniendo en cuenta que en el acumulado de los primeros 8 meses del 2017 el gobierno ya gastó lo presupuestado en 2016, es de esperar que los montos de las reducciones se incrementen, dado que se estará subestimando lo gastado en el corriente.

Los subsidios en tarifas de servicios públicos son a la vez un salario indirecto: aumentan la cantidad de ingreso disponible que las familias canalizan como consumo, motorizando la demanda. Una política que los Estados tienen para asistir a las familias en los gastos diarios. Por lo que la reducción de 35 mil millones de pesos en subsidios pautada para 2018, será una reducción directamente proporcional en el ingreso disponible de las familias.

Con esta medida, el gobierno del presidente Macri pone de manifiesto su inquina frente al intervencionismo (siempre que no implique directamente un negocio para grupos privados). Basado en la idea liberal de que el Estado genera distorsiones cuando interviene en la determinación de los precios relativos de la economía (y no que puede solucionar distorsiones preexistentes, posibilidad que no es siquiera considerada por el Gobierno).

Si tomamos por separado el caso del transporte, la reducción real del gasto público para dicha cartera es del 22% para el año 2018 y 20,7 en términos de subsidios. Teniendo en cuenta que aproximadamente la mitad de los trabajadores registrados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires residen en el Conurbano bonaerense, teniendo que movilizarse grandes distancias para concurrir a sus puestos de trabajo, el impacto social de dicha reducción será un duro golpe al bolsillo. A diferencia de carecer de gas, luz o agua, que hacen a la reproducción privada (e invisibilizada) de la fuerza de trabajo en esos hogares; carecer de transporte implica la posibilidad de asistir o no a un empleo formal – la alternativa en caso de no poder pagar el transporte es, entonces, una changa o el desempleo -.

Breve repaso histórico de las tarifas

El gobierno recibió una carga importante en cuanto al rezago de los precios en las tarifas de los servicios públicos. Esto ahora le sirve como argumento de un relato anti estatista: si el estado intervino e hizo desajustes, dejando actuar al mercado libremente los desajustes van a volver a equilibrarse. 

El 6 de enero de 2002 Duhalde sancionó la ley de Emergencia pública y reforma del régimen cambiario, pesificando y congelando el precio de las tarifas. A medida que el crecimiento de la economía fue avanzando en 2003 luego de la crisis, de la mano del mercado interno las empresas solo cubrían los costos operativos - cuyo precio era menor al de los costos medios para brindar el servicio -. Para evitar tener que aumentar las tarifas y su impacto negativo sobre un consumo que recién comenzaba a recuperarse, se implementaron una serie de subsidios con la finalidad de garantizar la rentabilidad que el congelamiento tarifario no brindaba. Aquella decisión de política económica obedeció a la lógica distributiva del salario indirecto. Sin embargo, sus mecanismos de control fueron débiles (por no decir inexistentes).

En general, la tarifa debe permitir la recuperación económica de los costos y la remuneración de los activos esenciales (lo que se conoce como Base Tarifaria) más una tasa de beneficio “justa y razonable”. Al ser un servicio público, el Estado debe decidir si la autoriza o no.
En 2005 una de las mayores peleas del ministro de economía Roberto Lavagna con Néstor Kirchner fue la discusión en torno a la actualización de las tarifas estancadas. Roberto Lavagna sostenía que la no revisión de las tarifas sería un problema a futuro. Luego de tensiones, el funcionario salió eyectado del ministerio de Economía.

Si bien durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner hubo ‘sinceramientos’ tarifarios, resta saber cuál fue el mecanismo de actualización y la fórmula utilizada: pese a esos incrementos, el monto de los subsidios nunca dejó de crecer, permitiendo deducir que aún estaban rezagadas respecto del resto de los precios de la economía.
La realidad es que el Estado no obró mal al intervenir, sino que obró mal al intervenir mal. El gobierno de Néstor Kirchner primero y Cristina Fernández de Kirchner después, utilizaron los subsidios para mantener planchadas las tarifas artificialmente y con el correr del tiempo la falta de actualización para no generar descontento social, volvió el rezago acuciante. 

La calidad del servicio como determinador de la cantidad de servicio

Como todos los bienes públicos, los servicios tienen la característica de tener “efectos en red”: es decir que su utilidad depende del número total de consumidores o usuarios que hacen uso del mismo. En otras palabras, cuanto mayor sea el número de personas que utilicen el servicio, mejor puede ser la calidad prestada por la empresa administradora. De modo tal que al incrementar su costo se restringe la demanda de usuarios, afectando la calidad del servicio indefectiblemente. Tal como argumentaba el leitmotiv de la fiesta privatizadora de los 90: “el servicio andaba mal, el Estado intervino y siguió funcionando mal, el estado dejó de intervenir y el servicio no mejoró. El Estado tomó la acertada decisión de vender su empresa de servicios públicos a inversores privados”.

El hecho central es que, durante la mayoría de (o todas) las privatizaciones, el servicio no mejoró por estar en manos privadas, sino que se redujo a su mínimo indispensable (léase rentable) y muchas empresas fueron vaciadas y sus activos liquidados. Ese fue el caso de Aerolíneas, YPF y los servicios de telefonía, gas, agua y ferrocarriles.

Hoy estamos muy lejos del panorama de aquel entonces. El consenso social ya no es tan fácilmente manipulable y el consenso político no es tan unilateralmente dominable. Pero no deja de ser una advertencia, en momentos en que es voluntad manifiesta del Poder Ejecutivo el desfinanciamiento de las políticas públicas. Las consecuencias de la desregulación de aquellas empresas que cumplen un rol social (más que un rol comercial), son bien conocidas por los argentinos. Por eso, no podemos perder de vista el avance de las prácticas de mercado sobre el patrimonio nacional.

miércoles, 4 de octubre de 2017

jueves, 21 de septiembre de 2017

Las reformas laborales en el mundo y en Argentina: la productividad como excusa para la precarización


Un nuevo paradigma en materia de regulaciones del trabajo empieza a imponerse desde los organismos internacionales más ortodoxos, que pos crisis de 2008 vuelven a adquirir fuerza en la determinación de la política económica de los países miembro. La desregulación del mercado laboral se convierte en la norma para lograr aumentar las ganancias empresariales en detrimento de los derechos de los trabajadores.

La reforma laboral en Brasil

El 11 de julio de 2017 el gobierno de Michel Temer en Brasil logró aprobar una ley de reforma del mercado de trabajo - léase “de mega-flexibilización” -.
Sintéticamente, la ley elimina las convenciones colectivas de trabajo para que cada empresa negocie contratos directamente con los trabajadores. Esto supone un poder de negociación equivalente entre esas dos partes que no es tal en la realidad: permitirles negociar en desigualdad de condiciones podría implicar una precarización mayor en las condiciones de trabajo.

Además, en la ley se aprueban períodos de vacaciones más fragmentados, se amplía formalmente el plazo de la jornada hasta 12 horas diarias, se dispone que el tiempo de transporte no se computará como parte del día laboral, se reduce el tiempo de descanso, se incluye a las mujeres embarazadas como parte de la fuerza laboral activa y se avalan los despidos sin beneficios indemnizatorios. El riesgo en el trabajo es asumido por los trabajadores sin responsabilidades para los empleadores, con un marcado desamparo estatal en los reclamos laborales.

¿Es esto el prolegómeno de una eventual reforma en los derechos laborales de los trabajadores argentinos? ¿Cuál sería el grado de aplicabilidad de tal medida? ¿Qué traerían aparejado dichos cambios? Para no hacer futurología, lo más sensato es mirar cómo está el panorama global en la materia, ya que resultaría extraño que Brasil aplicara una medida tan anti-obrera unilateralmente.

Las reformas laborales en Francia y Chile

En Europa hay un cambio de paradigma radical en favor de las corporaciones. Contratos de cero horas, extensión de las jornadas, menos vacaciones y despidos baratos y sin obstáculos. Por ejemplo, en Francia la reforma de Emmanuel Macron es un tanto menos ambiciosa que la brasileña. Cuenta con 36 medidas a diferencia de las 100 aprobadas por el senado de Temer, aunque en el mismo sentido: por ejemplo, incluye negociaciones trabajador-empresa sin sindicatos, rebaja en las indemnizaciones y posibilidad de despido ante eventuales pérdidas de las corporativas o incluso menores ganancias. El presidente galo había conseguido “modernizar” el mercado laboral cuando era ministro de economía de Hollande, lo que le valió algunas marchas de la clase obrera en repudio. Ahora como primer mandatario, cuenta con una serie de súper-poderes que le fueron otorgados por el Congreso, de modo tal que podría aprobar su mega reforma por decreto sin impedimentos legales. 

Una reforma que no fue anunciada tan histriónicamente fue la que Chile convirtió en ley el 6 de abril del año pasado. Implica mayor poder de representatividad de los sindicatos en las negociaciones colectivas, inclusión de mujeres en las cúpulas sindicales, sistema 4x3 (es decir, 4 días de trabajo y 3 de descanso), flexibilidad hacia los y las trabajadores que tengan “responsabilidades familiares” en sus hogares, y la prohibición de reemplazo en huelga (incorporando servicios mínimos para aquellas actividades de interés general como la salud).

Queda claro por qué, a pasar de la proximidad del país hermano, la medida no fue anunciada con bombos y platillos. Poner en agenda otra agenda alternativa a la tecnócrata está penalizado desde los medios masivos de comunicación.


Las reformas laborales en España y Portugal y sus resultados

En el año 2012 España y Portugal aprobaron reformas laborales para favorecer la “empleabilidad” de los trabajadores fomentando la productividad. Los mandatarios Mariano Rajoy y Pedro Passos Coelho validaron así los planes de reforma impulsados por la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). 

Los lineamientos fundamentales en Portugal fueron 3 días menos de vacaciones, 4 feriados menos; discrecionalidad por parte de las empresas sobre los feriados puentes, recorte en las indemnizaciones y la posibilidad de despido “por inadaptación al puesto de trabajo” (es decir que bastará “una modificación sustancial de la prestación realizada por el trabajador que acarree una reducción continuada de la productividad o de la calidad o que conlleve averías repetidas en los medios de trabajo”, de acuerdo al texto de la ley). 

En el caso de España los puntos de la reforma fueron similares a la reforma de Portugal. Mediante el Real Decreto-ley 3/2012, Rajoy consiguió recortar los días de indemnización; dar mayor discrecionalidad en las causas de despido y cancelación de los contratos a las empresas sin la necesidad de que el estado apruebe regulaciones sobre el empleo. La reforma laboral pone fin a la ultra-actividad indefinida de los convenios, es decir su prórroga automática cuando vencen, y establece que las partes deberán negociar un nuevo convenio en el plazo máximo de dos años, tras la cual dejará de estar vigente. 

Hoy podemos ver en perspectiva, cuál fue el impacto de aquellas reformas sobre el empleo, tomando como parangón países como Alemania e Inglaterra que no aplicaron reformas de desintegración de sus regulaciones laborales:

Dinámica del desempleo luego de las reformas

El corolario no fue la mayor creación de puestos de trabajo prometida, sino todo lo contrario. El aumento del desempleo fue en aumento inmediatamente luego de la aprobación de sendas leyes, con un pico máximo histórico durante gran parte de 2013 de 26,3% para España y un pico también histórico en el nivel de desempleo de Portugal en 17,5% para enero de 2013, que luego de la reactivación de la demanda mundial pos crisis, volvió a estabilizarse en su tendencia.

El panorama en Argentina

Argentina tuvo su experimento flexibilizador cuando el 11 de mayo del año 2000, el Senado de la Nación convirtió en ley el proyecto de reforma laboral de Domingo Felipe Cavallo. La premura en aquel entonces estaba determinada por el acuciante peso de la deuda externa que había tomado el entonces presidente Fernando De la Rúa, lo que determinó que los organismos crediticios internacionales le impusieran la inmediata aprobación de planes de ajuste y precarización como condición para seguir financiando al Tesoro Nacional.

El eje de aquella reforma fue la ampliación de los periodos de prueba de un mes a un año, con posibilidad de despido sin aviso e indemnización; la descentralización de los convenios colectivos y la eliminación de los convenios de ultra-actividad de 1975 y 1988, que sumado al incremento fenomenal de la deuda externa para el sostenimiento de la Convertibilidad, derivaron en la mayor crisis económica de la historia Argentina.

Hoy, el peso de la deuda que financia gastos corrientes empieza a tornarse gravoso nuevamente, por lo que no sería raro que los vientos de  desregulación, que con tanta insistencia se impulsan desde los sectores económicos más ortodoxos, empiecen a hacerse sentir otra vez en nuestro país, con el apoyo de una parte del sector empresarial, clave en la determinación de la política económica nacional.



lunes, 18 de septiembre de 2017

El uso de nombres propios como sinónimo de corrupción


El mayor éxito de los medios hegemónicos nacionales de los últimos años lo constituye la construcción de un discurso efectivo para argumentar cuestiones ideológicas. Han conseguido que, en el relato público, se sustituya el uso de datos para argumentar una idea, por el uso nombres propios, que meticulosamente se han puesto como sinónimos de corrupción. Ya sean apellidos o apodos, el mecanismo de instalar nombres propios como sinónimos de datos ha permeado hondo en la sociedad que no acompaña las ideas de los gobiernos anteriores.

Se dice: López, Rosadita, Lázaro Báez, Seychelles, De Vido, etc. En vez de qué fue lo que se robó tal o cuál, dónde están esos fondos, cuál fue su origen, quién le dio esos fondos o cuándo. Son argumentos que simplifican una postura ideológica y que sintetizan sus argumentaciones, por ello es fácilmente e impide ocupar espacio mental recordando cifras, fechas o datos objetivos incontrastables.


Se esperaría que aquel discurso subyacente y endeble, carente de sentido, se caiga con el pasar del tiempo. Sin embargo, a fuerza de repetición y gracias a la enorme capacidad de penetración de aquellos medios, el relato es comprado por los diletantes